Las violencias hacia las mujeres como cuestión de Salud Mental comunitaria

Manifiesto en el Día de la mujer 

Las violencias hacia las mujeres como cuestión de Salud Mental comunitaria

 

No es difícil imaginar cual es el por-venir de una cultura ‘tomada’ por las violencias. Los des-bordes humanos en el siglo XXI son de presentación cotidianaLas relaciones vinculares son llevadas cada vez más a los estrados judiciales en búsqueda de respuestas a una conflictividad creciente. Las tensiones en lo individual traen resonancias en lo colectivo, haciéndose necesaria la problematización del desarrollo de los excesos de estas expresiones. Cuando una comunidad está afectada por tal desmesura de violencias la sociedad toda se tras-torna. 

Las violencias (físicas, psicológicas, económicas, sexuales, etc.) hacia las mujeres hoy es un enorme problema en nuestra sociedad. La tensión entre los sexos y la diversidad de géneros viene en escalada. El atractivo del poder lleva a no poder sustraerse a la dominación de uno sobre otro a costa de agresión o muerte si es necesario, a los destructivos entrampes sometedor-sometido, amo-esclavo. 

Dentro de la maraña de rencillas del ‘versus’, se habla de las violencias  feminicidas y sus  excesos: los Femicidios. Las modalidades brutales en la resolución de conflictos colapsa el sistema de ‘custodia’. Las violencias hacia las mujeres requiere básicamente atender los Derechos Humanos al portar ribetes letales.    

Las violencias feminicidas abarcan un continuum en el que algunas consumaciones (activas o pasivas) son la antesala anunciada de las que prosiguen. Cobijan y encierran en sus intersticios un memorándum de opresión patriarcal. Actualmente tienen trascendencia jurídica por habérselas incorporado al Código Penal Argentino. El Femicidio es el eslabón vinculado al momento en que el agresor comete el asesinato de la mujer. El Femicidio es la judicialización de la muerte con nombre de mujer. 

Muchos cuerpos de las mujeres asesinadas, ya vienen ‘hablando’ a través de marcas producto de acciones violentas previas. Los denunciados son maridos, concubinos y ex parejas quienes se ensañan también con miembros de la familia, sobre todo hijos. Así es que se cometen lo que se ha dado en llamar “femicidios vinculados”: hijos/as violentados para ocasionarle daño a la madre. También terceras personas (hombres y niños) mueren al intentar impedir los crímenes. Por cada feminicidio y femicidio hay muchas vidas involucradas!! Sus efectos ya resienten severamente el por-venir de las nuevas generaciones. 

Ahora bien, la sociedad toda no saldrá indemne si no abandona la indiferencia. La mera sanción de leyes es insuficiente. Visto está que no consigue reducir los índices. La Salud Pública debería encarar programas que ponderen la problemática de los agresores/violentos. Apremia trabajar con los maltratadores. Es hora de incluir en  agenda el estudio y abordaje de los feminicidas y femicidas fehacientemente!! La ‘cruzada’ contra este ‘mal no puede realizarse exclusivamente desde el Derecho Penal. El abordaje de los agresores es una cuestión de salud comunitaria. Una demanda social nos está convocando a prestar especial atención a la salud mental comunitaria, a situarnos en estos planos en la prevención. 

Los problemas en la salud mental comunitaria están atravesados por múltiples factores, y, por supuesto, incluyen variables sociales (económicas, educativas, etc.). 

Se observa que en el siglo XXI el prójimo se ha ido tornando objeto para la satisfacción pulsional. Hoy los diques se han roto y se intenta que haya un borramiento de regulaciones. Con este telón de fondo, se toma a la mujer como una ‘cosa’, como objeto de pertenencia. Y si la mujer se resiste, se torna ‘desechable’. Lo degradante y la hostilidad destructiva hacia el partenaire irrumpen cuando real o fantaseadamente está amenazada la reciprocidad de la ligazón o el ‘en-lace’ se pone en riesgo de pérdida. La aflicción traumática, sensación de desprotección y aniquilación por la disipación de la disponibilidad del otro a la co-dependencia pasa irasciblemente al acto. Pagar con la vida es el precio para amortizar la ofensa de haber desertado de una relación (o pretenderlo) o, resistirse a la dominación del hombre. El placer en juego de las pulsiones agresivas es controlar y dominar a la mujer, que se convierte en objeto con rostro humano aterrado, des-subjetivado y menospreciado. 

Históricamente la mujer se ha ofrendado-sacrificado a merced del hombre. Ante ese magma emergente urge revisar críticamente la concepción de mujer que se anida en el imaginario colectivo para que pueda dársele otra figurabilidad. Y también la noción de hombre y masculinidad. El extremo de las violencias hacia la mujer está asociado a una asimetría que se expresa en tensiones hostiles in crescendo ante la necesidad de autoafirmación del hombre ante ‘otros’ posicionamientos de las mujeres hoy. 

El prototipo de masculinidad hegemónica se encuentra en la actualidad bombardeado y amenazado, dando cabida a la no asimilación del malestar en la subjetividad de los varones. La declinación del lugar del varón en la cultura, el derribamiento de sus fantasías de aura de omnipotencia del ‘ser hombre-macho’ contribuye al pasaje al acto.  El acoso, el dominio y el poder sobre la mujer se hallarían funestamente adherido a una especie de “locura de dominio” por la acentuación de conductas sádico-violentas. Las argumentaciones bizarras, celotipias, componentes paranoicos y obsesión de posesividad son los sustratos más enfatizados por los hombres 

Algo estamos haciendo mal como sociedad (de la que tod@s somos protagonistas) si no se puede parar esta marea. Pero el destino colectivo está en juego… debe haber algún modo de quebrar este círculo siniestro. Para la Organización Mundial de la Salud las violencias hacia las mujeres ya son consideradas como “pandemia” al contextualizarlas alrededor de "enfermedad de todos. Esta concepción envía un mensaje poderoso. Alude a la necesidad de comprometerse tod@s a eliminar la tolerancia de las agresiones a la mujer, y que es de todos también la responsabilidad de involucrarse para encontrar las soluciones. Esto es revelador de que se requieren respuestas integrales de implementación ‘efectiva’ que apunten al fondo de problemas estructurales y no solamente a situaciones precisas de emergencia de hechos de feminicidios y femicidios.

 

Postulando que hay ecuaciones psico-sociales que llevan a las violencias, estas violencias son conductas sintomáticas que se incuban en la sociedad. Psicosocialmente diría que irremediablemente se está atentando contra los Derechos Humanos pasando a ser una cuestión de Salud Pública comunitaria. A partir de la fraternidad humana y el instinto de conservación, elevo mi voz difundiendo que algún otro que-hacer es factible. Planteo la necesidad de revalorización de involucrarse en la acción pública con anclaje social, no secundarizando la conciencia comunitaria y ciudadana. 

Ubicados en la encrucijada de la realidad psíquica y la social (a la que también pertenecemos), se exhorta a participar y avanzar en intervenciones en contextos diversos; a no des-entenderse de cuestiones inherentes al logro de una mejor Salud Pública comunitaria. Es este un alegato para que todos nos ocupemos de lo que está en el ‘patio de atrás’. La polarización de sexos (tanto desde las mujeres como desde los varones), la separación de dos áreas de poder, no es de buen pronóstico. 

La Humanidad no puede extinguir las tempestades pero puede evitar que la devaste, cayendo en emboscadas mortíferas. Los feminicidios y femicidios denuncian una patología social que acarrea consecuencias para el destino de las noveles progenies. Conducen a la descomposición social, siendo indicadores de la no ‘suficientemente buena’ ‘salud pública’. La disyunción entre Salud Pública-Seguridad tornan los esfuerzos en estériles ensayos que no atemperan ni siquiera temporalmente el colapso. En esta guerra fratricida debemos trabajar para rescatar también a los violentos. El lazo social es posible si se logra domeñar los des-bordes pulsionales. El abordaje de los agresores es una cuestión de salud comunitaria. Nos ataña hacer la experiencia de trabajar con sujetos victimarios de fenómenos violentos con la mira puesta en la prevención de recidivas que terminan solo judicializándose. Que los feminicidas y Femicidas no sean pensados y tratados dentro del ámbito de la Salud Pública como si ambas cuestiones fueran antinómica la tornan un latido sintomático. Es un observable que en su mayoría son mujeres las que abocan su capital libidinal a estas contingencias humanas, ya sea desde la víctima como el victimario. No es una buena idea que los varones sean más esquivos a estos albures. 

En un estado de derecho –con el deber de instrumentar los principios y garantías consignadas en la Constitución Nacional- este terreno es una cuestión también de Salud Pública como responsabilidad compartida ante la contingencia de desfallecimiento de una comunidad toda que continúa asistiendo a funerales de mujeres. Es perentorio articular Salud<->Seguridad. Debemos investigar esta persistente realidad en sus diferentes vertientes, y ‘atenderla’ (incluyendo por supuesto la prevención). No se trata solamente de menguar la ‘guerra’ entre los sexos y géneros. Sino de innovar en las formas de organizar en convergencia la vida de mujeres y hombres (en todas sus diversidades).

Equidad y paridad se ha convertido en un reclamo para normalizar la vida de las mujeres, para conseguir la igualdad de géneros y, sobre todo, para lograr que las féminas tengan los mismos derechos que los hombres.Para conducirnos hacia una sociedad más equitativa abogaría por la promoción de un ‘verdadero’ ejercicio (que se vea reflejado en hechos más allá de lo discursivo) en la paridad de géneros.-

 

                                                  Alicia Beatriz Iacuzzi

                                                     Lic. en Psicología y Psicoanalista 

 

- Miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina 

- Miembro de la Asociación Psicoanalítica de América Latina 

- Miembro de la Asociación Psicoanalítica Internacional 

- Miembro del Comité Internacional de Mujeres y Psicoanálisis 

Consultora del Comité Internacional Psicoanálisis y Ley